La noche es una calle adoquinada
que pierde su horizonte en tu portal,
donde quiebran los besos de cristal
cuando amanece y ya no queda nada.
La mañana es la boca amordazada
de la desolación, tierra neutral
de un laberinto oscuro y corporal
que se oculta en la sábana mojada.
Tú, que atrapas la luna en cada sueño,
deberías saber que estoy perdido
en un mundo celeste sin estrellas.
Cada tarde despierto más pequeño
en un charco sin agua, medio hundido,
buscando en el crepúsculo tus huellas.
1 Pasa y opina:
Sensacional la composición, en lo que refiere a acentuación, rima, y el contenido que es muy bueno.
Un abrazo, te sigo leyendo Aníbal
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