Eres el visitante

Hay cuentos que se quedan sin final


Camino entre adoquines y alquitrán
y un verso legitima esta ironía,
al borde del suicidio, mi afonía,
no canta por amigas que se van.

Las niñas de papel de celofán
exigen tras el sexo apostasía,
fingiendo en el espejo alguna orgía
que firman Casanova y Sandokán.

Ya sé que una mirada es el asedio
y ver dista de ser su participio.
Un beso busca asilo en tu portal.

Hay cuentos que adolecen de intermedio,
hay cuentos que terminan al principio,
hay cuentos que se quedan sin final.

El peso de la noche


Se me escapa el silencio de tu boca
cuando la soledad nos acompaña.
Se enquista la palabra hasta que araña
el mudo corazón que me desboca.

El frío en tus temores no sofoca
el fuego de los besos con migraña.
El sexo sin tu piel, una patraña,
el éxtasis de olvido no coloca.

Retiro una verdad como propuesta
de mejora: total, son cuatro días.
No creo que empeore mi lumbalgia.

Se mezcla mi pregunta y tu respuesta,
las ganas de correr con osadías
y el peso de la noche con nostalgia.

Lo mejor de los sueños


Lo peor de los sueños no cumplidos
es el silencio oscuro del letargo.
Es el grito en el suelo y el embargo
que encierra el corazón sin sus latidos.

Lo peor de los sueños no cumplidos
es sentir que tu tren pasa de largo,
son las gotas del alma en llanto amargo.
Lo peor son los rotos descosidos.

Y lo mejor de un sueño ya cumplido
es el hueco que deja a un nuevo sueño...
el camino expedito a un nuevo paso.

Lo mejor de los sueños que ya han sido
son los frutos presentes que os enseño...
levantad por los sueños vuestro vaso.

Ya nunca te veré sobre las cuatro


Madrugadas con ego postural
se cuentan estas noches solitarias,
de gente henchidas, huecas... arrabal
de sombras consentidas, mercenarias.

El odio se desangra en la distancia,
cortejo cimarrón que vive dentro
de los sueños que pierden importancia
y esconden tras un beso el desencuentro.

También yo regateo con la suerte
y pierdo en un farol todas mis fichas:
tampoco yo me muero por no verte
ni subasto sin celo mis desdichas...

No espero ser actor en tu teatro...
ya nunca te veré sobre las cuatro.

Entre el cielo y el suelo



No exhibe nubes el cielo que escampa
y alarga tardes de risas y llanto,
oscuro tul de una noche que campa
discreta y lenta al calor de su manto.

Un cielo casi invernal, expedito...
atril de estrellas y lunas que apuran
sus horas antes del alba contrito
por ser telón de silencios que curan.

Después, mi cielo descubre su envés
y muestra lúgubres mares de cieno.
Escribo versos al cielo que ves:
el bello de antes que ahora es obsceno.

Si el cielo es vida y la noche es el duelo,
vivir prefiero entre el cielo y el suelo.

Volver



Volver cada mañana a por tus besos,
a oler en mi recuerdo tu fragancia.
Volver a liberar aquella infancia
a orillas de mis días más traviesos.

Volver a aquel febrero sin ingresos,
sin camas de hospital ni vigilancia,
sin noches de sirena de ambulancia,
volver a vertebrar todos mis huesos.

Volver a tu regazo cual gatito
que espera sobre el lomo una caricia.
Volver de tus silencios a mi pena.

(... Después de otro lamento me limito
a sentir tu sonrisa vitalicia
y a poner otro llanto en cuarentena.)

Amor


Amor, también yo, a veces, me deprimo
y una lágrima explota de impotencia.
También sufro el vacío de una ausencia
que exprime este pasado al que me arrimo.

Amor, también mi blanca tez de mimo
refleja con la lluvia su inocencia.
También se hunden en mares de indulgencia
los gritos del silencio que reprimo.

Amor, mi amanecer se decolora
también en el umbral de la añoranza...
...también calla el reloj que dice "ahora".

Amor, en este cuarto tan pequeño,
también alimentamos la esperanza
de ver como se cumple nuestro sueño.